Entre bastidores del agente inmobiliario. Ventas que cambian vidas. EP 01. Rosângela y Mârio, Búzios.
Comprar una casa, como todo el mundo sabe, no es una tarea fácil.
Peor aún, no es ninguna novedad: las personas con las que los compradores se van encontrando en este camino —a veces tan estresante— van detrás del resultado de vender para conseguir una comisión y no de lograr realmente encontrar lo que de verdad están buscando.
Procedentes de Río de Janeiro, en busca de calma y seguridad, ya en una etapa de sus vidas en la que buscan paz y tranquilidad, con 66 y 77 años respectivamente, Rosângela y Mário eligieron Búzios para vivir y alcanzar aquel sueño que tuvieron hace más de 28 años, cuando llegaron por primera vez.
Al principio querían vivir muy cerca del centro de la ciudad y buscaban casas de una sola planta, sin escaleras ni desniveles, que no fueran tan grandes, con al menos dos dormitorios.
Así, buscando por el centro de Búzios, llegaron hasta la puerta de mi casa, atraídos por el cartel de la inmobiliaria RE/MAX, donde hoy soy consultor inmobiliario, y llamaron a mi puerta preguntando por algún inmueble.
Creo que, al principio, por algún motivo, no quedaron muy convencidos con mis orientaciones.
No les ofrecí ningún inmueble en ese momento porque no tenía nada que encajara con su perfil; sin embargo, les indiqué a otros compañeros y les conté cómo es vivir en el centro de la ciudad. Les di detalles de cada manzana porque es lo que mejor conozco de Búzios, dejé una tarjeta y les dije que podían contactarme cuando quisieran.
Así pasó el tiempo (unos 3 meses) y me contactaron por WhatsApp, a través de una amiga con la que hablaron y, sin saber que se trataba de la misma persona con la que ya habían hablado antes, fue entonces cuando la vida hizo que, de una forma u otra, volvieran a mí, y nos encontramos de nuevo.
No me extrañó que no hubieran encontrado lo que buscaban, porque dentro de su presupuesto era imposible, pero en ese otro momento me comprometí a no rendirme hasta encontrar ese inmueble.
Hicieron falta algunas llamadas, consultas con compañeros, visitas, idas y venidas, hasta que encontramos, en un inmueble de unas compañeras, Lilian y Regiane, ¡el inmueble que tanto buscaban!
¡Y, fíjese, ese inmueble aún ni siquiera se había puesto a la venta!
Era el momento ideal para asegurar ese apartamento y que no siguieran viviendo en aquel otro apartamento tan pequeño en el barrio de Brava, donde siempre me invitaban a charlar, tomar un café y probar el delicioso cuscús de doña Rosângela.
Percibí claramente —y fue lo que más me animó a encontrar lo que buscaban— que no estaban cómodos en aquel apartamento de 3 por 3 metros.
Llevó poco tiempo, quizá un mes, mes y medio, pero fue bastante estresante, porque en una primera oferta, inicialmente aceptada, el antiguo propietario después se echó atrás y, así, luego llegaron ajustes en los importes y, como todo el mundo ya sabe (¡y si no, ojo!), todo negocio tiene sus dificultades y debe llevarse con mucha paciencia.
¡Pero, por fin, cerramos el trato!

Hoy, Rosângela y Mário han encontrado esa casa que tanto buscaban y nosotros ya somos más que sus agentes inmobiliarios: somos sus amigos.
Y siempre que caminamos por esa calle, sacamos un rato para un beso y un abrazo, con café y el sabroso cuscús de doña Rosângela, que con tanto cariño nos demuestra su gratitud.
Ser agente inmobiliario y vender inmuebles está muy bien, pero hacer felices a las personas y formar parte de su felicidad y de su historia no tiene precio.



